La académica de la Escuela de Psicología Usach, Dra. Gloria Mora, lidera un proyecto Fondecyt Regular 2026 que busca comprender cómo las condiciones de conectividad territorial influyen en la organización del trabajo de cuidados que realizan las mujeres dedicadas a la agricultura familiar, considerando las diferencias que existen entre las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá, Metropolitana y Araucanía.
Según datos publicados por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA), basados en el Censo 2017, en Chile el 82% del territorio corresponde a comunas rurales y mixtas, mientras que el 25,5 % de la población del país vive en estas comunas. Sin embargo, el centralismo que caracteriza al modelo político-social del país contribuye a que las condiciones de vida difieran considerablemente entre los distintos territorios. En este contexto, las desigualdades en materia de infraestructura física y disponibilidad de transporte pueden representar desafíos cotidianos especialmente significativos en determinadas regiones.
Esta realidad adquiere especial relevancia para las familias dedicadas a la pequeña agricultura, donde las actividades productivas conviven con las responsabilidades domésticas y de cuidado, labores que recaen principalmente en las mujeres y que pueden verse condicionadas por las características del territorio en el que habitan.
En este contexto, a través de un proyecto Fondecyt Regular 2026, la Dra. Gloria Mora Guerrero analizará cómo las condiciones de conectividad territorial, que implican el acceso efectivo de las personas y grupos humanos a servicios básicos, educativos y de salud, así como al transporte, influyen en las labores de cuidado que realizan las mujeres, mayoritariamente de manera no remunerada, dentro de los hogares rurales en distintas regiones del país.
El estudio busca identificar las desigualdades territoriales y aportar evidencia para el desarrollo de políticas públicas que respondan a las necesidades de cuidado dentro de estas comunidades.
“La agricultura familiar nos muestra que existen otras formas de organización económica y cultural, en este caso de subsistencia y sostenibilidad, donde las mujeres desempeñan un papel fundamental. Sin embargo, durante muchos años han permanecido invisibilizadas tanto para la ciencia como para las políticas públicas, pese a su importancia para el desarrollo de los territorios”, explica la investigadora.
Este protagonismo se refleja en las múltiples responsabilidades que asumen las mujeres dentro de sus hogares y comunidades. Las labores domésticas y de cuidado se articulan con actividades productivas y de subsistencia, entre ellas la crianza y el cuidado de animales menores, que contribuyen al sustento económico y a la alimentación de los hogares y las comunidades locales.
A estas responsabilidades se suman las barreras que enfrentan muchas comunidades rurales para acceder a servicios básicos y sociales, debido a largas distancias, déficit de transporte y, en general, limitaciones de infraestructura física, condiciones que pueden dificultar aún más la organización de la vida familiar y las labores productivas y de cuidado.
“En la agricultura familiar existen condiciones y prácticas cotidianas que pueden relacionarse con el bienestar de las mujeres. Sin embargo, ellas también enfrentan riesgos para su salud mental, entre ellos la sobrecarga de cuidados y las barreras territoriales para acceder efectivamente a servicios de salud y atención psicológica. Precisamente, nos interesa comprender esa relación desde la psicología social”, añade la académica Usach.
Cuatro regiones, distintas realidades
Con una duración de cuatro años, el proyecto contempla el estudio de comunidades rurales de Arica y Parinacota, Tarapacá, Metropolitana y Araucanía, territorios seleccionados por sus disparidades demográficas y de infraestructura, que permitirán comprender cómo las condiciones del entorno influyen en la organización de los cuidados y las experiencias de las mujeres dedicadas a la agricultura familiar.
Durante su primera etapa, el equipo realizará una caracterización de cada territorio, considerando la disponibilidad de transporte, el tipo de caminos y la localización de servicios de salud, educación y cuidado, para posteriormente recoger las experiencias de mujeres rurales mediante entrevistas que permitan conocer cómo se distribuyen las responsabilidades familiares de cuidados y qué cambios se han producido en la participación de los hombres y los servicios públicos en estas tareas.
“Esperamos que este proyecto nos permita caracterizar con mayor detalle las particularidades de cada territorio y comprender cómo estas condiciones influyen en las formas de vida de las personas. También buscamos que el conocimiento generado pueda ser considerado como evidencia para la toma de decisiones políticas y contribuir al desarrollo de políticas públicas pertinentes a las distintas realidades rurales y territoriales del país”, termina la investigadora.
Por Camilo Araya Bernales



