Un taller de artes marciales adaptado, liderado por el Dr. Tomás Herrera-Valenzuela de la Universidad de Santiago de Chile busca adecuar esta disciplina en una herramienta para el envejecimiento activo destinada al funcionariado adulto mayor. Detrás de la iniciativa hay más de una década de investigación y la ambición de convertirla en un modelo replicable a nivel nacional.
El envejecimiento de la población es uno de los fenómenos demográficos más notorios de las próximas décadas. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), si en 2022 las personas adultas mayores de 60 años representaban un 18,1% en Chile (cerca de 3,6 millones de personas), hacia 2050 esa cifra podría llegar a uno de cada tres, en un país donde además la esperanza de vida sigue en aumento.
A ese escenario quiere responder, desde hace más de una década, el trabajo del académico e investigador de la Facultad de Ciencias Médicas Usach, Dr. Tomás Herrera-Valenzuela. El investigador plantea un desafío que va más allá de vivir más años. Busca que se viva con la mayor autonomía posible. Ahí se concentra buena parte de la discusión actual en salud pública: qué tipo de actividades pueden sostener la funcionalidad de las personas mayores en el tiempo, más allá de las alternativas tradicionales.
En este contexto, Herrera-Valenzuela lleva más de una década estudiando el efecto de las artes marciales adaptadas en la funcionalidad de las personas mayores, entendida como la capacidad de caminar, usar el transporte público o desenvolverse de forma independiente en el día a día.
“Formamos parte de un equipo de trabajo, junto a destacados investigadores como el Dr. Pablo Valdés-Badilla de la Universidad Católica del Maule y el Prof. Jordan Herandéz-Martínez de la Universidad de Los Lagos, con quienes hemos encontrado que el taekwondo adaptado tendría mejoras en la funcionalidad de las personas mayores”, señala el investigador, quien apunta a que esos resultados se acompañan de beneficios en memoria y coordinación.
El impacto de esta línea de trabajo es doble: por un lado, apunta a mejoras medibles en la autonomía y la calidad de vida de quienes participan; por otro, busca instalarse como un modelo replicable para las políticas de envejecimiento activo en Chile. Para Herrera-Valenzuela, esta doble proyección es justamente lo que hace relevante llevar este tipo de programas más allá de la ciencia y convertirlos en una alternativa real para las personas mayores.
El origen de la iniciativa
Lo distintivo de la propuesta es que toma una disciplina asociada tradicionalmente a la competencia y el combate, y la transforma en una herramienta para el envejecimiento activo. La iniciativa nació de un llamado abierto impulsado desde la Carrera de “Entrenador Deportivo” de la “Escuela de Ciencias de la Actividad Física, el Deporte y la Salud”, a través del Departamento de Bienestar del Personal.
Desde entonces, cualquier persona desde los 50 años, puede sumarse un martes o jueves, sin necesidad de experiencia previa. El taller no tiene fines competitivos ni de combate: cada participante avanza según sus propias capacidades, bajo un currículum que contempla graduaciones de cinturón semestre a semestre y que, en un plazo de cuatro o cinco años, permite alcanzar incluso el cinturón negro. “Cada uno realiza la actividad en base a sus posibilidades. Ellos aprenden de verdad, pero en base a sus posibilidades”, resume Herrera-Valenzuela.
Los propios participantes describen los efectos que han notado desde que se sumaron. “Acá abarcamos memoria, flexibilidad y fuerza; a mí me sirve mucho”, cuenta Mariela Rivas, funcionaria de la Usach. Por otro lado, Enriqueta Humaña, pensionada de la Universidad, resume así lo que descubrió en el taller: “Aquí yo puedo ocupar mis piernas, mis brazos y mi mente”. Finalmente, Ricardo Vega, académico Usach, retomó la actividad física después de dos o tres décadas sin practicar deporte: “Me necesitaba ejercitar porque fui deportista muchos años”, relata. En ese contexto los participantes destacan que les ha ayudado a su vida cotidiana y a estar más seguros de sí mismos.
El profesor a cargo de la clase, Diego Aravena Tapia, también valora la evolución del grupo, sobre todo en técnicas que rara vez se ven en personas mayores de 50 años, como las patadas con giro. “Pero ellos lo están haciendo”, destaca y explica que este avance responde a un trabajo técnico de base que después permite aprender coreografías completas con mayor fluidez y en menos tiempo.





Un modelo pensado para escalar
Ese trabajo tiene, además, un respaldo bibliométrico que posiciona a Herrera-Valenzuela y a la Usach dentro de un grupo reducido de referentes a nivel mundial. Un estudio publicado en 2026 en la revista Sport Sciences for Health, que analizó cerca de 9.600 investigaciones sobre deportes de combate olímpicos publicadas entre 1943 y 2025, ubica al académico entre los cinco autores más productivos del mundo en investigación sobre taekwondo. El dato se suma a un reconocimiento anterior, cuando otro estudio bibliométrico lo situó como el tercer investigador con más publicaciones en la disciplina y a la Usach como la segunda universidad del mundo con mayor producción científica en taekwondo.
Para Herrera-Valenzuela, el paso siguiente es que este tipo de programas deje de ser una excepción y se transforme en una alternativa real dentro de la oferta de actividades para personas mayores en todo el país. Los programas gubernamentales existentes, plantea, suelen repetir siempre el mismo tipo de actividades, en parte porque se asume que las artes marciales implican un riesgo que este modelo busca justamente desmentir.
“Es una oportunidad nueva para las personas mayores, que no solamente son las típicas actividades de siempre, sino que también pueden hacer un arte marcial, formarse y alcanzar incluso un cinturón avanzado”, sostiene el académico. La idea, agrega, es acercarse a federaciones deportivas para capacitar instructores y así replicar el modelo en otros espacios destinados a adultos mayores, más allá de la Universidad de Santiago de Chile.
Consultado sobre por qué eligió el taekwondo y no otra disciplina para este tipo de programas, Herrera-Valenzuela explica que la decisión responde en parte a un factor práctico: “en Chile existen numerosos instructores y escuelas formadas en esta disciplina, lo que facilita capacitar a nuevos profesores y replicar el modelo en distintos lugares.” A su juicio, el mismo enfoque de artes marciales adaptadas podría aplicarse a otras disciplinas como por ejemplo el Hapkido que es un arte marcial no competitivo, pero es justamente la disponibilidad de instructores la que permite pensar en un programa que escale más allá de un solo espacio.
“Esto muestra la importancia de la investigación multidisciplinar y aplicada en la calidad de vida de las personas, esperamos que este tipo de investigaciones no vean una merma en cuanto al apoyo gubernamental, y que por el contrario, tengan impacto en las políticas nacionales, para que las personas mayores tengan alternativas atractivas y efectivas para mejorar su calidad de vida, concluye el Dr. Herrera-Valenzuela.
Para inscribirse al taller, contactar directamente a tomas.herrera@usach.cl y/o diego.aravena@usach.cl
Por Juan Betancur



